«Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me guiará.» (Salmo 23:1-2, RVR1960)
¡Qué consuelo tan grande trae a nuestro corazón el comienzo de este maravilloso salmo! El rey David conocía muy bien la labor del pastor; sabía que la oveja es un animal indefenso, propenso a descarriarse y totalmente dependiente de quien la cuida. Al declarar «Jehová es mi pastor», David no estaba hablando de una idea abstracta, sino de una relación personal y viva con el Dios Todopoderoso. En un mundo lleno de incertidumbre, afán y escasez, la afirmación «nada me faltará» es una declaración firme de fe basada en la fidelidad inalterable de nuestro Dios, quien sostiene el universo con la palabra de Su poder.
Como creyentes nacidos de nuevo por la gracia de nuestro Señor Jesucristo, nosotros también podemos descansar en esta misma seguridad. El Salmo 23 nos recuerda que nuestra provisión no viene de las circunstancias favorables ni de nuestras propias fuerzas, sino del cuidado soberano de nuestro Dios. Él conoce exactamente lo que necesitamos antes de que se lo pidamos. Cuando dice que nos hace descansar en «delicados pastos» y nos guía a «aguas de reposo», nos habla de la paz espiritual que sobrepasa todo entendimiento, una paz que el mundo no puede dar ni quitar, y que solo se encuentra alimentándonos diariamente de la sana doctrina de Su bendita Palabra, la Santa Biblia.
En nuestra vida diaria, es muy fácil caer en la trampa de la ansiedad y el afán por las cosas materiales o por el futuro. Sin embargo, como hijos de Dios redimidos por la sangre preciosa de Cristo, debemos practicar la contentamiento. En lugar de correr tras las corrientes de este mundo moderno que promueve el materialismo y el descontento, hoy te animo a detenerte y evaluar dónde estás buscando tu sustento. Dedica tiempo cada mañana a la oración y a la lectura reverente de las Escrituras. Recuerda que Aquel que alimenta a las aves del cielo y viste los lirios del campo tiene el control absoluto de tu vida. Confía en Su dirección y descansa en Su mano proveedora.
Oremos:
Padre celestial, te damos gracias infinitas porque Tú eres nuestro Pastor y Creador. Reconocemos que dependemos enteramente de Ti y que en Ti tenemos provisión completa, tanto espiritual como material. Perdónanos cuando nos dejamos llevar por el afán y la desconfianza. Ayúdanos a descansar en Tus delicados pastos y a mantenernos separados de las vanidades de este mundo, viviendo cada día para agradarte y honrarte. En el nombre precioso de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
Amén.